La fijación del carácter: funcionando en automático


La palabra carácter deriva  del griego charaxo cuyo significado es "grabar". De ello podemos inferir que cuando hablamos de “carácter” estamos haciendo referencia a aquello que muestra poca o ninguna variabilidad, como lo que es constante en los modos de manifestarse de una persona y que se repite tal como es propio de lo que ha sido grabado.

Y así es, el carácter, o lo que también denominamos "personalidad", deriva de la historia de aprendizaje de cada uno, en la que se han ido sucediendo una cadena de condicionamientos diversos, tanto en la esfera emocional, como cognitiva y en el repertorio de conductas personal.

Este carácter adquirido o “inscrito” en cada uno de nosotros es fruto del proceso de instrucción, educación y socialización encaminado a lograr la adaptación al medio en el que cada cual ha de sobrevivir. Es lo que en las tradiciones de todas las culturas  se viene a llamar “ego”, entendiéndolo en contraposición y como algo distinto de la “esencia” o alma de la persona.

La falta de autonomía de un niño determina que éste precise buscar los medios para que otros satisfagan sus necesidades, y ahí comienza a detectar cuáles son las acciones y actitudes a las que el sistema al que pertenece responde y le presta atención. Es así como ser gracioso, dócil, responsable, listo, guapo, destacado, callado, fuerte o sensible, se convierte en patrones fijos de personalidad más que una forma espontánea de mostrarnos ante los demás, como si un “guionista” de cine nos hubiera adjudicado un “personaje” y debamos circunscribir nuestros movimientos, expresiones y diálogos a las apariciones, imagen y párrafos que nos ha asignado nuestro “guion de vida”.

Es así como ser gracioso, dócil, responsable, listo, guapo, destacado, callado, fuerte o sensible, se convierte en patrones fijos de personalidad más que una forma espontánea de mostrarnos ante los demás


Aquí la vitalidad ha sido sustituida por la apariencia y la vida deja de estar guiada por el instinto, para poner en funcionamiento una estrategia mecánica de adaptación caracterizada por una especial fijación o rigidización de la conducta.

Una vez instaurado este proceso nos queda poca libertad para la naturalidad. No era en vano ese tradicional tener que volver a ser niños, ya que se pierde ingenuidad y dejamos de dar con frescura las respuestas necesarias: decir no cuando se necesita o pedir cuando es preciso. Es ahí en donde se nos atraviesan las consideraciones acerca de lo que nos puede pasar, qué van a pensar, si nos pueden criticar o rechazar, etc, y “se pone el automático”, repitiendo una fórmula de comportamiento  sin hacer participar en ella a la totalidad del ser (preguntándonos qué siento, qué quiero y qué es lo que auténticamente necesito en la situación presente), para dar paso en cambio a la manipulación y el “postureo”.

Este patrón rígido, la fijación de respuestas obsoletas y la pérdida de la capacidad de responder creativamente es lo que da inicio al sufrimiento y, en no pocas ocasiones, al funcionamiento psicopatológico.

Almudena Sosa Guzmán

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