Cuando llega la hora.... Si crees, creas

Si se pone la suficiente atención, no es un fenómeno inusual ver cómo una pequeña brizna de hierba crece en un solado de asfalto u hormigón de la que acaba brotando una pequeña flor. Lo que se puede apreciar muy frágil en apariencia, ha tenido, sin embargo, la enorme fortaleza de atravesar la dureza del implacable pavimento. Y es que a la rueda por la que gira la verdad y la vida se le pueden meter muchos palos para obstaculizarla, distorsionarla u oscurecerla, pero jamás se conseguirá extinguirla.

Si queremos, podemos ver en ello una metáfora de lo que está sucediendo con esta crisis inclemente que nos atenaza y que ha trastornado, volteado y/o truncado tantas biografías. Los acontecimientos han empedrado nuestra actualidad con pedruscos funestos: recortes de salarios y servicios, despidos, desahucios, paro, etc. Miedo, duda y pobreza, son las armas letales de las guerras no declaradas de nuestro tiempo y en las latitudes que habitamos.

La seguridad, la previsibilidad y la certidumbre han sido sacrificadas a la avidez de los dioses “mercados”. Es muy seguro que si nos toca la china, quedemos atrapados durante un tiempo en la incredulidad y la resistencia a salir de lo conocido y acostumbrado. “No puede ser”, pero “es”. Y en esta situación de impase, en la que "lo que puede llegar a ser" ni tan siquiera asoma y "lo que fue" ya no está, nos enseñan sus fauces los ogros más temidos: la angustia, la desesperanza y la pérdida de sentido. La indolencia y la inercia nos pueden dejar varados en la “zona de confort”, esa región cómoda de la que no queremos salir pero que, a buen seguro, a la larga pagamos con el alto precio de la conversión en un ser mecánico y repetido, narcotizante.

Sin embargo, es precisamente ahora y bajo estas circunstancias donde emerge una necesidad vital: levantarte si te has caído, moverte si te has parado, sostenerte si te has descolgado, despertarte si te has dormido… Necesitamos darnos cuenta de que tenemos la capacidad de reescribir el guión de nuestra historia, de que contenemos más vida en nosotros. Estamos ante un desafío personal: el de redescubrirse o reinventarse. Será aquí donde adquiere sentido el simbolismo dual del grafismo chino con el que se expresa el concepto de “CRISIS”, formado por dos trazos, en donde uno significa “peligro” y el otro “oportunidad”.

¿Que es doloroso? ¡Pues claro! Como duelen los dolores de parto. Porque en realidad estás asistiendo a un alumbramiento. Porque no sólo nacemos cuando nos dan a luz nuestras madres, sino que la vida nos determina a gestarnos y parirnos a nosotros mismos. A darnos luz, las veces que sea necesario. Cuando llega la hora se cuela la tentación de la huida o de la evitación, en múltiples formatos: la negación, el desánimo, la impotencia, etc. A veces pueden asaltarnos las ganas de abandonarnos, como si se pudiera desertar de la vida igual que dejas un viejo coche en el desguace y comprar uno nuevo e impoluto.

¡Ay no!, vuelve a poner la mirada en donde están tus pies, porque ahí está tu vida, sea donde sea que estén. Y desde ahí tienes la responsabilidad de hacerte cargo de ella y de conducirla hacia el mejor destino que te sea posible concebir. Traigamos a la memoria las palabras de mi admirado Victor Frankl, el mejor entre los mejores de lo que se ha puesto hoy tan de moda como “Coaching”:

 “Cuando no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el reto de cambiarnos a nosotros mismos” 

Al final, cuando llega la hora, la misma crisis te expulsa de su matriz. La naturaleza te orienta si te entregas a ella. Si crees, los dolores de parto se revelan sabios y con ellos casi siempre se manifiesta un empuje excepcional que decide soltarse del sufrimiento inútil, y arriesgar, probar, innovar, inventar o transformar. Creas, das al mundo -a tu mundo- una criatura, una creación que llevará el ADN de tu saber, tu sentir, tus ideas, tus gustos, tus aptitudes, tus posibilidades, tus pasiones, tus expectativas, tus ilusiones... Nietzsche habló de algo así a lo que llamó “Amor a tu destino”, lo que vendría a ser el decirse: “Esto es lo que necesito ahora”, sea lo que sea, y vivirlo como un reto y una oportunidad, no sólo de sobrevivir sino de crecer y dar tus mejores frutos. Sería el aprendizaje TAO del que hablaba Joseph Zinker, que se produce cuando un individuo experimenta su propia fuerza de movimiento y sus posibilidades exploratorias.
"Las semillas se entierran en el fondo en oscuridad y de alguna manera ellas saben crecer hasta encontrar la luz" (dharmacomics.com)

Todas las personas somos capaces de crear algo. ¡Creételo! Eres un ser creativo, porque la creatividad es una facultad inherente a los humanos. Porque tu vida es tu empresa más importante y no puedes permitir que se desplome, aunque por momentos te agarren la desolación o la furia. Es preciso encontrar dentro de uno mismo el sol que siga irradiando positividad, una fuente de vigor con la que pueda crecer la confianza que devore y se trague todos los miedos que nos paralizan.

Por último, cuidado con hacer de los diálogos internos del tipo “No puedo” "Es imposible" "Soy débil", un pretexto para no hacer nada. El pasado pesa, y pesa más cuanto más lo miras. No será fácil pero si no te liberas de estos amarres acabarás siendo prisionero del victimismo y enredado en una autocompasión asfixiante.

Yo, haciendo mías las palabras de Fernando Pessoa, me digo a menudo:
“¿Piedras en el camino? Las guardo todas, un día voy a construir un castillo”.


Centro Almapsy

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho este artículo, y me guardo la frase:
    “Cuando no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el reto de cambiarnos a nosotros mismos”
    Un saludo.

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  2. Gracias Inma.
    Sólo con eso ya tiene sentido sacar un poco de tiempo para hilvanar ideas y ponerse a escribirlas.
    Si tras esa frase te animas a tirar de la obra completa de Viktor Frankl, "El hombre en busca de sentido", estoy segura que no te arrepentirás, por los enormes regalos que contiene, fruto de sus tremendas experiencias en los campos de concentración nazis. Él si que fue un dulce fruto creciendo en una roca dura.

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