La Pareja


Platón nos habló en el “Simposio” de un ser compuesto de dos partes, una de ellas correspondía a la del hombre y la otra a la mujer. Era el mito del andrógino, que intentó subir al cielo “para mostrar su poder y fuerza a los dioses” y por ello fue castigado por Zeus, quien lo cortó en dos para debilitarlo. Desde entonces, cada mitad busca desesperadamente a la otra por todo el mundo, en la creencia de que cuando lleguen a encontrarse recobrarán aquel estado de fusión total en el cual “no habrá más problemas”.


Y así vamos… anhelando ese principesco final de cuento: “se casaron… y fueron felices y comieron perdices”, que en realidad no es sino el preámbulo de todo. Un inicio que, por otro lado, anda cojo, pues estamos considerando a la persona por mitades y no como totalidades. Y para sostenerse en la cojera no es que se quiera, es que se necesita una muleta, se depende de este soporte. Y es en esto en lo que, con bastante frecuencia, se convierten las relaciones de pareja: DEPENDER Y SOPORTAR.

¡Despertemos! Es hora ya de la desmitificación. En la dependencia no hay posibilidad de elegir porque las relaciones están encadenadas por el miedo a la pérdida, a la soledad y/o al abandono, con un vínculo amoroso contaminado, vulnerable y patológico en el que se busca el sometimiento del otro, justo porque se depende de él, como de una muleta. “Y si no hay elección no hay libertad. Y sin libertad no hay amor verdadero. Y sin amor verdadero podrá haber matrimonio, pero no habrá pareja”. Así lo expresan Jorge Bucay y Silvia Salinas en su libro “Amarse con los ojos abiertos”, y añaden: “La peor de nuestras creencias aprendidas y repetidas de padres a hijos es que se supone que vamos en búsqueda de nuestra otra mitad. ¿Por qué no intentar encontrar a otro entero en vez de conformarse con uno partido por la mitad?”

La historia de la mujer ha sido también la de la lucha por su dignidad y autonomía, esto es, por lograr su lugar en el mundo como persona completa y no como el cayado “callado” que soporta y sostiene. Esto no siempre ha sido posible sin radicalismos enérgicos que lograran hacer arrancar el “status quo”. Gracias a ello hemos evolucionado y se han movilizado las cosas, lo cual no es posible sin crisis (nadie puede limpiar en profundidad su casa sin poner todo patas arriba).

Pero ahora, muchos hombres empiezan a ser conscientes de que encuentran una satisfacción más genuina en una relación con una mujer que es compañera que con una dominada y sojuzgada. La mujer, por su parte, también encuentra que ese movimiento liberador no tiene por qué consistir en una transformación viriloide en constante pugna con “el macho”, y que puede apreciar y mantener sus aspectos y cualidades femeninas a la vez que goza de los aportes masculinos. La naturaleza, siempre sabia, ha querido dos seres complementarios y distintos que pudieran vivir juntos en la igualdad de derechos y deberes y, sobre todo, en el amor.

El encuentro habrá de producirse cuando aprendamos a ver que no se pueden colocar a unas en el papel de víctima y a otros en el de verdugo, de por sí. Esto es un flaco favor para todos, y que nos convierte en entes blindados e irreconciliables.

La mujer tiene capacidades para vivir y sobrevivir por sí sola. Ya no es menor de edad. Así como el hombre, sólo por serlo, no esconde una naturaleza perversa y dominadora. Todos somos el producto de una cultura, de una tradición religiosa que imbuye la culpa en una conceptualización del amor basado en el sacrificio y la renuncia a lo personal (a ser completos).

La labor ahora nos compete a ambos sexos: caminar por salir de esa con-fusión (fusión con el otro) en la que uno debe dejar de ser uno mismo, renunciar a ser entero para poder ser completado con otro medio ser. Y la solución no es destruir al otro, sino construir con él, no es derrotarle sino restaurarle, no es asesinarle sino VIVIRLE.

Centro Almapsy

1 comentario:

  1. Como dice el dicho ¨A LA MUJER NO SE LE TOCA, NI CON EL PETALO DE UN ROSA¨... Personalmente pienso que tanto la mujer como el hombre deben aprender a conocerse, respetarse, compartir y quererse, antes de mantener una relación. Estás son algunas de las cosas que hacen que el amor se mantenga en equilibrio. Y no entiendo como otros pueden decir: “Una relación sin mentiras y sin peleas, no llega lejos” también coincido con “¿Por qué no intentar encontrar a otro entero en vez de conformarse con uno partido por la mitad?”...
    Saludos desde Lima-Perú

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